Vos lo dijiste un día,
el comienzo sucede simplemente
y los finales ocurren sin remedio.
Lo nuestro se convirtió en una costumbre
y el amor se quedó sin alma,
lo dejamos sin su savia,
sin sus ganas de vivir.
Que difícil el olvido obligatorio.
Cosa nada fácil la ansiedad de saber
tu porvenir después de mi rastro,
tu suerte después
que mis ojos palpen los tuyos,
y tus manos abriguen las mías
por última vez.
Quizá vuelvas a ser quien eras antes de mí
y no sabrás que existo,
como no sabía de vos
aquella muerte negra,
que solía ser
tan naturalmente
mi vida.
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