viernes, 3 de febrero de 2012

El último Parque

Quizá el Parque Rodó sea de los pocos sitios

donde uno puede caminar inventándose una sombra compañera

confundiendo algún que otro sueño con alguna que otra vigilia

perdiendo la única noción de tiempo

hasta ver el último suspiro de un atardecer

colándose entre las hojas de unos cuantos árboles añejos.

Árboles que cuentan historias,

que no tienen otro pasatiempo que ver pasar otoños

descubriendo emociones,

por ejemplo de aquel par de viejos

que muy lentamente

como queriendo frenar el tiempo

van tomados de la mano

y que son el reflejo medio siglo después

de aquellos dos chiquilines que se abrazan

y hacen que el amor sea inminente.

 

Quizá el Parque sea un buen ejemplo de los pocos sitios

donde ser sensible cuesta menos vergüenza

y uno puede sin tapujos

desnudar su alma.

 

Quizá sea uno de los últimos sitios

donde uno puede descubrir a los cuatro

jugar a los once

amar a los quince

y olvidar a los veinte.

 

Quizá el Parque Rodó sea el último sitio

Donde uno puede descubrir su vejez

repasar sus años

y sentirse

un poco más cerca de la vida.

 

parque rodo

Parque Rodó, 1951.

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