sábado, 4 de febrero de 2012

Su vida un ajedrez…

Escrito el 4 de diciembre de 2009.

 

Quizá la serenidad sea algo que se adquiere con el tiempo

sobre todo si la misma antecede una batalla.

Lo cierto es, que en algún sitio inadvertido

un viejo banco acomoda los huesos de un viejo conocido.

A su alrededor un parque que envejece

y el tiempo que se hace compañero

para desenredar historias tan increíbles como reales;

que dejan al desnudo, por ejemplo

que en realidad la muchacha que ronda los veintiuno

que pasa apurada con unos cuantos libros

corre ansiosa al encuentro clandestino.

Y el anciano que hace que todo parezca un espejo

ha transformado su aburrimiento inevitable

en observar el movimiento de un árbol

quizá repasando sus años

quizá queriendo volver atrás.

 

Todo eso observa el señor

mientras coloca el segundo caballo;

el terrorista vestido de negro

delincuente de tiempo completo

que dejó de ser un oficinista de ocho horas;

o el mozo suicida que cumple con su trabajo

con cierto dejo de tristeza

llevando en su bandeja

un paquete de granadas que hacen equilibrio

mientras en su bolsillo asoma un papel,

que en realidad no es la cuenta

sino una lista de sueños incumplidos

y que quizás sea mejor

morir con ellos.

 

Tantas cosas quedan al descubierto

mientras colocando otra pieza

se lucha entre el pulso y el tembleque:

El niño, el perro, el ciruja, el divorciado,

la cuarentona que oculta arrugas

y el chiquilín no tan chiquilín

que empieza a mirarla con cariño…

 

Todo eso y más se puede observar

mientras termina de colocar

                             el último peón

que le dice que todo está listo para luchar

dentro de una realidad

que no hace más que ver pasar

la vida

….su vida

esperando que quizás alguien

por casualidad o desafío

le juegue una partida.

 

“A veces busco su imagen y descubro que sin él, el parque no es el mismo.

Hasta tu regreso”.

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