Discúlpeme
señorita,
hoy me gustaría confesar,
que puedo amarla,
irremediablemente,
con todo el cuerpo.
Sin pedir permiso,
podría
hacerle el amor
hasta la muerte,
como si usted fuera,
por un momento,
la mujer de mi vida.
Pablo Santiago Mendez
Discúlpeme
señorita,
hoy me gustaría confesar,
que puedo amarla,
irremediablemente,
con todo el cuerpo.
Sin pedir permiso,
podría
hacerle el amor
hasta la muerte,
como si usted fuera,
por un momento,
la mujer de mi vida.
Después del ruido, el sudor y los escándalos, el corazón nunca supo si gritaba de dolor o alegría.
Si fue alegría, el silencio hoy duele hasta los huesos.
Si fue dolor, la sonrisa es muy costosa para entusiasmarse.
Mejor no saberlo nunca.